(Sólo dos cosas, de entre varias que se podrían preguntar, habla de violencia pero nunca menciona la violencia del estado colombiano, y sin ninguna crítica DICE QUE EN MÉXICO ESTAMOS EN GUERRA! y bueno, a Uribe lo deja acríticamente a salvo de cualquier sombra de autoritarismo, dictadura, mesias.)
Paralelos colombianos
Enrique Krauze
23 Ago. 09
(...)
Bogotá... Se trata de una sociedad conservadora y formal, con fuerte presencia de la Iglesia, devota de la letra escrita y la letra hablada, acosada a lo largo de su historia por diversas variantes de violencia (civil, ideológica, guerrillera, criminal y narcotraficante)... Con la sola y fugaz excepción de Gustavo Rojas Pinilla en los años cincuenta, Colombia no ha tenido -no ha tolerado- dictadores militares ni autocracias civiles... Casi a partir de su independencia hasta nuestros días, la nación bautizada por el impetuoso Bolívar pero creada por el legalista Santander celebró elecciones periódicas, introdujo muy temprano el sufragio universal y practicó un nivel razonable de participación política aun en sus poblados más remotos... Cuando en los años ochenta y noventa las guerrillas asesinaron a magistrados de las Cortes y a candidatos presidenciales, los colombianos no permitieron que se rompiera la continuidad institucional. Por mucho menos, en casi cualquier otro país latinoamericano los militares hubieran tomado el poder... país tenazmente democrático enfrenta hoy un dilema mayor: el presidente Álvaro Uribe busca reelegirse por un tercer período presidencial. Para lograrlo, se requiere una enmienda constitucional que, según las encuestas, contará con el apoyo mayoritario de la opinión colombiana. Quienes apoyan a Uribe aducen varias razones: con su liderazgo ha puesto a la guerrilla a la defensiva y ha logrado que la sociedad colombiana abandone cualquier ambigüedad con respecto a los narcotraficantes. En la era de Uribe (quien sufrió el asesinato de su padre) los colombianos han asumido la guerra y -hasta cierto grado- la van ganando. Otro argumento es su postura ante Chávez. Sólo un líder carismático como Uribe (que, con otro estilo, es también un comunicador excepcional) puede poner límites al proyecto de expansión bolivariano.
Es fácil predicar en tierra ajena sobre las bondades de la democracia y defender el principio de la "no reelección". Eso fue lo que hice en Colombia, con resultados inciertos. No creo que los mexicanos tengamos nada que enseñar a los colombianos sobre democracia, pero es verdad que el inocente principio maderista ha demostrado su utilidad entre nosotros. Un líder, por más extraordinario que sea, no debe perpetuarse en el poder, no sólo porque su reelección indefinida descalifica a los críticos de las dictaduras embozadas sino porque ese acto demerita a la sociedad que lo promueve. Es como la aceptación de que esa sociedad no puede producir nuevas generaciones que tomen la estafeta. Es rendirse al hombre providencial... Y sin embargo, la aspiración de muchos colombianos es comprensible. La democracia es, en esencia, un método para acotar el poder. Pero también puede ser un disuasivo frustrante allí donde el liderazgo se necesita más. Si no me engaño, ese dilema es parecido al nuestro: nuestra democracia tripartita ha mostrado su capacidad para la deliberación pero no para la ejecución. En tiempos de guerra, como los que viven México y Colombia, la capacidad ejecutiva es un valor capital. En Colombia, el dilema se resolverá, seguramente, con la reelección del Ejecutivo, previa reforma constitucional. En México debemos resolverlo mediante la firmeza del Ejecutivo y un ejercicio inédito de crítica, colaboración, responsabilidad y autolimitación, por parte del Legislativo.
Mural
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