miércoles, 24 de febrero de 2010

Y aquí está el asunto de los 60 demócratas: mayor poder para el presidente!!!

No a la lógica del NO
Día con día
Héctor Aguilar Camín

Ayer se presentó en el Congreso la iniciativa de reforma política de la bancada senatorial del PRI... La bancada priista en la Cámara de Diputados... parece tener una visión distinta. El PRD ha esbozado su propia propuesta. La discusión de la reforma política empieza a tomar el rumbo de todas las otras. El gobierno propone algo, las fuerzas en el Congreso proponen cosas distintas, hacen una mezcla que llaman negociación, producen una ley en la que todos dicen estar de acuerdo, pero que no satisface a nadie, ni sirve para mucho, y plantea después la necesidad de otra reforma.
Según algunos observadores, entre los que me cuento, el problema central que aqueja a la gobernabilidad mexicana es que sus reglas impiden la existencia de un gobierno con mayoría en el Congreso.
Hay quien cree que esta situación no es más que el funcionamiento normal de una democracia y que más vale no darle demasiado poder al gobierno: ningún poder, en todo caso, que no venga de la negociación demorada de las fuerzas políticas. La democracia es así: se trata de poner límites y contrapesos al gobierno.
Otros pensamos que el país necesita cambios de fondo en todos los ámbitos y que sólo podrán plantearse esos cambios si cambiamos las reglas para que eso sea posible, si fortalecemos democráticamente la Presidencia abriendo la posibilidad de que quien gane las elecciones para ese puesto tenga también la posibilidad de tener la mayoría en el Congreso... La reforma de 1996 se hizo para impedir que alguien tuviera mayoría en el Congreso, bajo el supuesto de que si nadie tenía mayoría, todos se verían obligados a negociar.
Desde entonces el partido en el gobierno es minoría en el Congreso y sus oposiciones juntas son la mayoría. Pero las mayorías del Congreso no se dedican a ponerse de acuerdo con el gobierno, sino a bloquearlo.
Llevamos trece años de probar esa fórmula con malos resultados para el país. Algunos pensamos que es la hora de aceptar el error, cambiar las reglas y facilitar la creación de mayorías democráticas en la constitución de los gobiernos de la federación.
Decimos No a la lógica institucional del NO, porque creemos que la parálisis política que aqueja a México no es en lo fundamental un problema de incapacidad o perversidad de las personas (aunque nada de eso falta), sino de reglas equivocadas, que funcionan muy bien, sistemáticamente, pero para producir el efecto no deseado: un país que camina a medio gas, una mediocre gobernabilidad.
Diario Milenio

Crema y nata, grillos, babas y resabios, lacras, orgánicos, inorgánicos, intelectuales, cagatintas, así nomas, por el bien de la República?

No a la Generación del No Trece años llevan detenidas las reformas de fondo que el país necesita. La propuesta de cambios políticos hecha por el gobierno empieza a andar el mismo camino: la negación, la parálisis. Es inaceptable el bloqueo persistente al cambio por parte de las fuerzas políticas. Tiene detenido a México. Quién se opone a todo está a favor de nada. Si estuviéramos en el paraíso, el cambio sería riesgoso pero, ¿estamos en el paraíso? ¿No hay nada que cambiar? ¿No hay nada en las reformas políticas propuestas por el ejecutivo que atraiga a sus opositores? ¿Podemos seguir como estamos en esta materia? ¿Trece años de parálisis no bastan? Quizá el problema con las reformas propuestas –reelección de diputados y senadores, segunda vuelta en la elección presidencial, iniciativa preferente para leyes secundarias, referéndum para cambios constitucionales y candidaturas independientes- es que, por primera vez, los beneficiarios son los ciudadanos, no los partidos. La resistencia al cambio une a la Generación del NO, la generación de políticos de todos los partidos que han hecho improductiva nuestra democracia. Quienes apoyamos estas reformas, podemos abrigar serias divergencias entre nosotros o con el gobierno en otros temas; podemos pensar que a la reforma del gobierno le sobran o le faltan detalles. No es un paquete perfecto, como si existiera alguno. Pero en su conjunto, constituye el cambio más importante en el país desde 1994, y sobre todo, la llave para introducir cambios mayores en otros ámbitos: económico, social, internacional, jurídico, y de seguridad. Por eso las hacemos nuestras, y llamamos a los legisladores a dejar atrás diferencias menores y el interés coyuntural, a favor de una visión de futuro audaz y alentadora. La Generación del NO es responsable de lo que NO ha ocurrido en México. Negar el cambio es perpetuar el presente. Amigos legisladores: aprueben las reformas y demos inicio al debate de fondo: ¿Qué futuro queremos para México? Avancemos juntos, para poder luego debatir juntos, y decidir en democracia. A Adrián Lajous Agustín Irurita Alberto Ruy Sánchez Alfonso Cuarón Andrés Rozental Ángeles Mastretta Arturo Ripstein B Bernardo Sepúlveda C Carlos Cuarón Carlos Fuentes Carlos Tello Díaz Cecilia Soto Ciro Gómez - Leyva Claudio Lomnitz D Denise Maerker E Eduardo Norten Enrique Berruga Enrique Krauze Ernesto Canales Ernesto Zedillo F Federico Reyes –Heroles Francisco Calderón Francisco Valdez Ugalde G Gerardo Estrada Guillermo Ortiz Guita Schyfter Genaro Borrego H Héctor Aguilar Camín Hugo Hiriart I Isabel Turrent J Jaime Serra Jesús Reyes-Heroles Jesús Silva-Herzog Flores Joaquín López Dóriga Jorge G. Castañeda José Antonio Aguilar José Emilio Pacheco José Ramón Enríquez José Sarukhan Julio Frenk Jose Antonio Fernández Carvajal L Leo Zuckermann León Krauze Lorenzo Servitje Luis Carlos Ugalde Luis Gonzalez de Alba Luis Rubio Luis Téllez M Manuel Arango Mariclaire Acosta Mario Molina Miguel Mancera Miguel Mancera P Paz Alicia García Diego Pedro Aspe R Rafael Pérez Gay Raúl Arias Lobillo Roger Bartra Ruy Pérez Tamayo S Sabina Berman Sergio Aguayo Susana Zabaleta X Xavier Velasco

lunes, 22 de febrero de 2010

Que el remedio contra el infantilismo es el apoyo absoluto! Curiosa democracia la de la princesa

Remedio para el infantilismo político
La Calle
Luis González de Alba

Los políticos, como todas las especies, van por la utilidad máxima y los guía egoísmo puro. No es una característica sólo humana... las hormigas se lo comerían todo... El asunto, vil y egoísta, es: ¿vas a poder gobernar con los derrotados diciéndote NO a todo? Comprender algo tan sencillo topa con un obstáculo: la minoría de edad mental en pueblo y políticos... setenta años de mandarines nos hicieron menores de edad. Eso demuestran los gritos y hasta golpes contra el secretario de Gobernación en Juárez, un buen hombre que no lanzó guaruras contra sus agresores, y la exigencia al Presidente –por parte de una madre que ha perdido a sus dos hijos– de ponerse en lugar de ella: nadie puede estar en su lugar, nadie, precisamente por lo enorme del dolor, pero ni eso justifica tan extravagante exigencia... Otra falsedad: Que los partidos políticos representan la rica pluralidad multicolor del pueblo mexicano. Mentira. Muchos son descarados negocios familiares guiados por oportunistas, trepadores, buitres carroñeros a la expectativa del poder, que frenan toda iniciativa para adornar con ella una futura presidencia en la que ya se ven. Saben lo que es necesario, pero lo dejan para cuando ellos lleguen al poder. Así lo gritó con todas sus letras Obrador a los asombrados legisladores del PRD que quisieron tratar el asunto de Pemex: ¡¡¡A favor de Pemex nada... Ya lo arreglaré yo cuando sea presidente!!!
“La generación del NO”, los llama Federico Reyes Heroles con gentileza que yo no les tengo. Van por la zancadilla, la toma de la tribuna, los discursos que ni ellos se creen, todo con el fin de evitar que se haga lo que saben urgente y así el gobierno se fortalezca. No les preocupa si el país aguanta.
Y van solos, sin que el presidente Calderón muestre una pizca de maquiavelismo, habilidad y malicia en las alianzas. Entre las reformas que propuso: reelección de legisladores, plazo para resolver iniciativas del Ejecutivo, apertura a las iniciativas ciudadanas, referéndum para cambios constitucionales, candidaturas independientes… ¿Qué hay en común? Que benefician a los ciudadanos y debilitan a los partidos. Por eso las atajan. Si los acusamos de aprovecharse del poder para su exclusivo beneficio, no de estúpidos. Por eso el trabajo es convencerlos de que matarán su anhelada Presidencia: gallina de los huevos de oro.
Diario Milenio

sábado, 20 de febrero de 2010

Y si quisiera estudiar para pendejo, el doctor en políticas públicas, le darían beca?

Andrés Roemer
¿Se puede comprar la felicidad?
20 de febrero de 2010

...
Dan Gilbert, Eduard Punset y Daniel Kahneman sostienen que después de cierto nivel de ingreso... con dinero no se puede “comprar felicidad”... con más ingresos uno no es más feliz; mientras que menores ingresos... sí te hace más infeliz y miserable... Considerando esto, el dinero es importante para la felicidad...
Doctor en Políticas Públicas.
El Universal

lunes, 15 de febrero de 2010

Confesión: gay conservador, grillo que no hace política, honesto que premian personas que detesta, antiPG, fundador arrepentido

Orgullos y vergüenzas
La Calle
Luis González de Alba

... algunos motivos de orgullo y vergüenza de los que sí me siento responsable. Mi trabajo en divulgación de la ciencia podría ser mejor. “Sólo traduce artículos de gringos”, dice un lector. ¿Qué se puede responder? ... además de encontrar la nota (y Science me cuesta mucho dinero) y traducirla, explico... Sé, con satisfacción, que hay al menos un físico que estudió esa carrera luego de leer mi historia de la cuántica (libro agotado).
Me avergüenza recordar, como buen obsesivo, que al recibir mi premio de periodismo por divulgación de ciencia, dejé a un miembro del jurado con la mano tendida, como me señaló mi amigo al sentarme: iba muy nervioso porque soy antisocial y el premio lo entregaba Cuauhtémoc Cárdenas, cuyo gobierno en el DF era una decepción.
Me avergüenza haber sido fundador y copropietario de La Jornada... Me avergüenza el sindicato de la UNAM que con tantos amigos ayudé a fundar. Me avergüenza el PRD, cuyos ancestros contaron con mi participación. Me avergüenza mi defensa, juvenil e ignorante, del monstruoso régimen castrista y del ignominioso Muro de Berlín; pero al menos ésta ya la pagué, y con lágrimas, y le arranqué a golpe de marro y cincel un pedacito que aún guardo.
Me da orgullo haber sido de los pocos que no dudamos ante el Chávez de Tabasco y haberle quitado algunos votos de los muy pocos con que perdió.
Me avergüenza mi incapacidad para hacer política y tener sólo opiniones... Tampoco entiendo las marchas por el “orgullo gay”, ni me avergüenza mi orientación sexual. Creo que hago más con una novela como la reciente El sol de la tarde, mi versión del desencanto en mi generación, con su historia de amor entre dos militantes de izquierda, que con marchas y grititos: no me siento para nada identificado con las lentejuelas. Creo que más adolescentes se han sentido confirmados en su orientación al leerme que al ver pasar desfiguros que, la mera verdad, sí me dan vergüenza. He evitado más suicidios de indecisos con ensayos como La orientación sexual y novelas como Cielo de Invierno que marchando con tetas falsas y botas de tacón aguja.
Diario Milenio

domingo, 14 de febrero de 2010

Historiadora que no sabe cuándo México se convirtió en México, y además precisa exactitud: ¿A qué hora?

Sara Sefchovich
Lamento
14 de febrero de 2010

Cuando Miguel de la Madrid tomó posesión como presidente en los años 80, dijo que el país se nos deshacía entre las manos. Hoy esto parece cierto otra vez. Todo conspira contra México y los mexicanos.
Parten el alma las imágenes de colonias enteras inundadas... parte el alma ver anegada una de las carreteras más importantes del país... Parten el alma las escuelas llenas de lodo, el miedo de los niños que no quieren volver a ellas... los vientos que arrancan árboles... Parte el alma ver a los habitantes de Angangueo cuyo pueblo ha quedado tan inservible que lo tienen de plano que cambiar de lugar... Y si entonces se voltea mejor para el lado opuesto, son los muertos, los asesinados en una fiesta, en un restorán, en una calle, bajo un puente. O los niños calcinados en una guardería.
¿A qué hora nos convertimos en esto? ¿A qué hora?
Parten el alma los ciudadanos furiosos gritándole al Presidente, al gobernador y a los funcionarios. Parte el alma la madre que le escupe su dolor a la cara a los políticos. Parten el alma los que sueltan su letanía de peticiones: nos falta esto, nos falta lo otro... Y es que no se puede reparar en un día años de errores. Porque todas esas tragedias son resultado de un viejísimo sistema corrupto, negligente, desinteresado, impune, mentiroso... por si lo anterior no bastara, no hay recursos que alcancen. ¿Cuántos soldados, policías, médicos, enfermeras, maestros y ciudadanos voluntarios se requieren para atender las tareas urgentes? ¿De dónde van a salir para ocuparse de Juárez y Chalco y Michoacán y Guerrero y la carretera a Puebla al mismo tiempo? ¿De dónde va a salir el mucho dinero que cuesta esto? Y lo más importante: ¿de dónde va a salir el liderazgo para dirigir, organizar y resolver? Y después, pasada la emergencia, enterrados los muertos, lavado el lodo ¿cómo se van a evitar más tragedias?...
El Universal

martes, 9 de febrero de 2010

Que sólo el 10% eran inocentes! y cuando esto pasa "el escándalo alcanza proporciones enormes"

Los muertos de Juárez y los muertos de México
Día con día
Héctor Aguilar Camín

Al calor de la indignación que produce una matanza como la más reciente de Ciudad Juárez, no habría que olvidar hechos fundamentales de la violencia que sacude al país.
Lo primero a no olvidar es que Ciudad Juárez es una de las cien ciudades importantes del país y que lo que ocurre en ella no es la norma, sino la excepción de lo que sucede en las otras.
Lo segundo es que, por terribles, injustas e inaceptables que sean las bajas de víctimas inocentes en la orgía de sangre de los últimos años del narco, sigue siendo verdad que de las 16 mil bajas sólo 10 por ciento, una de cada diez, corresponden a miembros de la seguridad pública, policías locales, federales o miembros del Ejército. Nueve de cada diez muertos en las guerras del narco son de sicarios que matan sicarios.
Tercero. Sólo un pequeño porcentaje de la décima parte de bajas que no son sicarios o narcotraficantes, son civiles inocentes que iban pasando, quedaron en medio de un tiroteo o fueron ejecutados en balaceras destinadas a otros.
Pueden ponerse en dudas las cifras, pero son las que hay, y es un hecho incuestionable que cuando caen inocentes, como en Ciudad Juárez, el escándalo alcanza proporciones enormes, muy distantes de la rutina noticiosa con que se dan y se reciben las cifras de ejecutados cada día.
Cuarto. La aplastante mayoría de los muertos de la violencia que nos aturde son causados por la violencia de los narcotraficantes, no por la fuerza pública. Los responsables de tantas muertes son los asesinos, no la autoridad.
Quinto. Es un hecho difícil de aceptar en los medios pero irrefutable en la estadística histórica de homicidios, que México no vive la mayor espiral homicida de su historia, sino que, por el contrario, desde 1990 los homicidios en el país por cada 100 mil habitantes han descendido notoriamente, concentrando sus estragos en unas cuantas zonas y ciudades. Una de ellas Ciudad Juárez. (Véase al respecto Fernando Escalante Gonzalbo: Homicidios y Territorios violentos.com.mx)
Empiezo a leer opiniones en el sentido de que quienes se atienen a estos hechos duros actúan como voceros oficiales, defensores ciegos o interesados de una estrategia de guerra contra el narco que muestra cada vez más sus debilidades y la urgencia de cambiarla.
Podemos, desde luego, sostener que la estrategia no sirve, pues produce más muertos de los que evita, y debe cambiarse. Lo que no podemos, sin faltar a la verdad, es olvidar los números o presentar los hechos de cada día como si cambiaran de tajo la realidad.
Diario Milenio