domingo, 30 de mayo de 2010

Una aclaración: hay de perros a Perros

Sara Sefchovich
Diego y callejerito
30 de mayo de 2010
El Universal
En un artículo titulado “Simpatía por el crimen”, Héctor de Mauleón se refirió a quienes ven el secuestro de Diego Fernández de Cevallos como asunto de justicia social y sus simpatías no están con la víctima, sino con los criminales. Ese modo de pensar se justifica en base en dos argumentos: uno tiene que ver con que el personaje de que se trata hizo mucho daño y es ampliamente detestado. Otro tiene que ver con la dificultad de la vida de millones de mexicanos “robados, agraviados, aplastados, marginados.”
Ambas explicaciones apuntan a un mismo fondo: el agravio social.
Ahora bien: si la explicación pasa por allí, ¿cómo se explica el crimen atroz, cometido por pura diversión, contra un pobre perro callejero, indefenso totalmente, sin nombre siquiera, que no le había hecho ningún daño a nadie? ... me pregunto: ¿se le puede dar también una explicación social? ¿y cuál sería ésta? ¿sería la misma que vale para el caso de Diego... Responder a esta pregunta es un desafío. ¿Qué agravio social explica que adolescentes, estudiantes, hijos de familia, gente común... puedan cometer un asesinato como ese? ... la naturaleza es lo más importante y hermoso. Siempre hay cielos azules y árboles verdes, siempre los animales son los personajes con los que se aprende y nuestros grandes amigos. ¿En qué momento esto se revierte y hace que los jóvenes actúen como actuaron?
Es mi opinión que nos estamos topando contra la pared si todo lo queremos atribuir a la pobreza y el malestar social, porque si bien la explicación social es útil e importante no es suficiente. Si lo fuera, todos nosotros seríamos criminales (al menos en potencia) porque todos vivimos en esta sociedad y todos estamos profundamente agraviados por la inseguridad, la economía, el modo de hacer las cosas y de comportarse de los que nos gobiernan, la desigualdad y carencia de oportunidades, la frustración y el miedo.
Y sin embargo no es así: no todos somos delincuentes, no todos torturamos a un animal indefenso, no todos secuestramos... no todos vomitamos nuestro enojo a diestra y siniestra... La conclusión no puede ser más que una: que no somos una sola sociedad y que por lo tanto, no hay la misma reacción de todos ante las dificultades de la vida: algunos vomitan su ira o cometen actos criminales, mientras que otros creen que el camino consiste en exigir leyes, crear instituciones y darle fuerza a sus reclamos para que las cosas mejoren.
Los que así pensamos estamos convencidos de que México es más que sus políticos y más que sus delincuentes y que el camino no consiste en volverse criminales o destilar inmundicia como modo de sacar agravios, porque como dice de Mauleón, “las simpatías por el crimen siempre terminan por ponernos un plato de sangre frente a la boca”.

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