El odio a Cortés no es odio a España, sino a nosotros mismos, indicó el secretario de Cultura
Llama Cravioto Lebrija a comprender la vocación histórica de México
CARLOS F. MÁRQUEZ
Morelia, Michoacán, 2 de junio.- El secretario de Cultura de Jalisco, Alejandro Cravioto Lebrija, hizo de su reflexión en torno a los valores de la identidad nacional una propuesta de restituir su lugar en la historia a personajes fatídicos como Hernán Cortés, Agustín de Iturbide y Porfirio Díaz, pues afirmó que el problema de nuestra concepción de nación es que conservamos un conjunto de mitos históricos... partió de una cita de Víctor Andrés Belaúnde, quien afirma que no merece el nombre de nación aquella que no tiene plena conciencia de su vocación histórica. Entonces cuestionó con agudeza: “¿Tenemos plena conciencia de la vocación histórica de México?”... se remontó a la época prehispánica, en la que destacó los aspectos teológicos como un factor determinante con la especificidad de la creencia en un ser dual del que se desprendía todo lo que existe. Es así como “el pensamiento prehispánico llega por la vía de la razón al conocimiento de lo sobrenatural, a la formulación de una cosmogonía”... “somos un pueblo destinado a lo sobrenatural. Hay pueblos que no han acabado su síntesis entre lo espiritual, lo racional y lo material”... refirió que durante el siglo XIX se fueron gestando las pugnas entre liberales y conservadores, además de que no se ejerció la democracia, pues “llegaba a la silla el que tenía el ejército más poderoso... durante el porfiriato se vivió la paz de los sepulcros.
La reflexión sobre la identidad desembocó entonces en una tentativa de reivindicación de personajes “incómodos” que según Cravioto Lebrija han sido borrados de la historia y como caso más emblemático de ello se refirió a Agustín de Iturbide... “El mito nos presenta un conflicto sin desenlaces, un combate sin cesar a sí mismo, sin lograr nunca una derrota ni una victoria definitiva. Es el emblema de la contradicción, muchos de nuestros problemas de identidad están precisamente en esta contradicción. El odio a Cortés no es odio a España, es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vernos en nuestro pasado y sobre todo impide la reconciliación de México con su otra mitad”... Cortés debe ser restituido al sitio al que pertenece con toda su grandeza y con todos sus defectos; a la historia. Apenas Cortés deje de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente, un personaje histórico, sólo así, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena”.
La Jornada
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