martes, 22 de septiembre de 2009

Nuevo miembro del club: que dice que él si es muy honesto, y aun más: que México ESTA MUCHO MEJOR DE LO QUE VEMOS TODOS LOS DIAS

Los suspirantes del estallido
Epicentro
León Krauze

Una de las consecuencias más lamentables de la elección del 2006 ha sido la creciente tentación del grupo afín a Andrés Manuel López Obrador de jugar con la idea de un estallido social. Desde que López Obrador dejó de lado la vía institucional para adoptar el camino del “movimiento”, México ha tenido que soportar el vaticinio apocalíptico de quienes, en el fondo, desean esa implosión. Sus acciones tienen, detrás, una lógica perversa: sólo tras un nuevo proceso revolucionario es que México podrá renovarse y dar pie al imperio de quienes perdieron en las urnas años antes. Es con esa intención que han esparcido la idea de que el país está al borde del abismo, cerca del colapso, a punto de repetir fatalmente su historia. Para eso exageran cifras, sueltan vaguedades, estructuras teorías conspiratorias y fomentan el caldo de cultivo que las genera. En un todo o nada insensato, apuestan al fracaso estrepitoso del país. Mientras peor, mejor.

(...)

El peligro, por supuesto, es que el estallido social se vuelva una profecía que se cumpla a sí misma, una predicción que sucede precisamente en los términos establecidos —y anhelados— por quien la plantea. Diseminar la idea de que México, con todo y sus enormes problemas, está por colapsarse es alimentar, para empezar, la locura de unos cuantos que, como en cualquier sociedad, están ahí, agazapados, a la espera del llamado a las armas. Eso son Josmar, el pastor secuestrador, y Luis Felipe Hernández Castillo, el asesino de Balderas: idiotas útiles en la confección de la fantasía de la violencia generalizada. Es imposible pedirles mesura a los actores políticos que lo han apostado todo al colapso del país, pero los medios de comunicación tenemos la obligación de actuar con un mínimo de honestidad intelectual.
Diario Milenio

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