martes, 16 de marzo de 2010

Los ejercicios dialécticos-democráticos del héctor: donde usualmente se demuestra QUE TODOS TIENEN LA RAZÓN

Lectores sobre Maciel
Día con día
Héctor Aguilar Camín

Escribe Armando Padilla:
Leí su columna “Marcial Maciel: Ejemplo y legado” (MILENIO, 9/3/10). Mi hijo es egresado de la Universidad Anáhuac de Xalapa, Veracruz. Platicando con él acerca de su opinión, me permito coincidir con usted en nuestra pasividad: “Sus discípulos, alumnos, herederos, ¿nada tienen qué decir?”. En efecto, tenemos mucho que decir:
1. Que el fundador fue un hombre, con sus virtudes y sus defectos.
2. Que hizo mucho bien y mucho mal (al parecer).
3. Lo que nosotros recibimos de lo que él sembró en este campus, fue Bien: Pagamos Bien con Bien.
4. En la eventualidad de que seguramente haya sembrado algo mal: nuestro deber es pagar mal con bien.
5. Que a lo largo de mi país nosotros mantenemos nuestra confianza y fe en la institución.
6. Que lo único que yo, como padre de familia, recibí de esa institución, fue devolverme a mi hijo convertido en un hombre responsable, de bien, y trabajando en su pequeña empresas para México. Creo que invertí muy bien mis recursos en los Legionarios de Cristo para hacer de él un hombre de bien y que nunca se turbe su corazón, aunque ruja afuera.
7. Que nada hará flaquear mi corazón acerca de mi fe en esa universidad. Creo que está entre las mejores del país. Yo viviré agradecido de ella y de su fundador, del que no soy nadie para juzgar.

Escribe Manuel Alón Flores:
Yo no soy nadie para decir si Dios el de la religión católica existe, pero lo que sí está torcido desde su fundación, para mí, son las reglas de la religión católica.
No puedo entender que una persona en su sano juicio crea que va a poder aguantar la ley del celibato. Para mí, una persona que piensa eso y se hace cura, padre o madre, desde ese mismo momento su mente está un poco torcida. Por eso pienso que se debería permitir el casamiento de padres y de madres. Y si son gays, pues también que lo digan y tengan su pareja.

Escribe Alejandro Vidal:
Mi hija y mi hijo pertenecen a escuelas de Legionarios. Es innegable que Marcial era un enfermo depravado sinvergüenza. Pero no por eso todos los que pertenecemos a sus escuelas somos iguales. Tengo confianza en la escuela de mis hijos, he visto lo cuidadosos que son de ser transparentes con cada niño, tal vez porque saben que todos sabemos del asco de patriarca. Así que o se van con cuidado o se acaba.
Mis hijos están felices, adoran a sus maestras y en general adoran su escuela. Pero siempre estamos vigilando porque los abusos se dan en cualquier parte (yo asistí a escuela laica y soy testigo de varios abusos). No generalicen. Habemos personas de bien y no por esos cerdos tenemos que ser todos condenados.
Diario Milenio

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