No a la lógica del NO
Día con día
Héctor Aguilar Camín
Ayer se presentó en el Congreso la iniciativa de reforma política de la bancada senatorial del PRI... La bancada priista en la Cámara de Diputados... parece tener una visión distinta. El PRD ha esbozado su propia propuesta. La discusión de la reforma política empieza a tomar el rumbo de todas las otras. El gobierno propone algo, las fuerzas en el Congreso proponen cosas distintas, hacen una mezcla que llaman negociación, producen una ley en la que todos dicen estar de acuerdo, pero que no satisface a nadie, ni sirve para mucho, y plantea después la necesidad de otra reforma.
Según algunos observadores, entre los que me cuento, el problema central que aqueja a la gobernabilidad mexicana es que sus reglas impiden la existencia de un gobierno con mayoría en el Congreso.
Hay quien cree que esta situación no es más que el funcionamiento normal de una democracia y que más vale no darle demasiado poder al gobierno: ningún poder, en todo caso, que no venga de la negociación demorada de las fuerzas políticas. La democracia es así: se trata de poner límites y contrapesos al gobierno.
Otros pensamos que el país necesita cambios de fondo en todos los ámbitos y que sólo podrán plantearse esos cambios si cambiamos las reglas para que eso sea posible, si fortalecemos democráticamente la Presidencia abriendo la posibilidad de que quien gane las elecciones para ese puesto tenga también la posibilidad de tener la mayoría en el Congreso... La reforma de 1996 se hizo para impedir que alguien tuviera mayoría en el Congreso, bajo el supuesto de que si nadie tenía mayoría, todos se verían obligados a negociar.
Desde entonces el partido en el gobierno es minoría en el Congreso y sus oposiciones juntas son la mayoría. Pero las mayorías del Congreso no se dedican a ponerse de acuerdo con el gobierno, sino a bloquearlo.
Llevamos trece años de probar esa fórmula con malos resultados para el país. Algunos pensamos que es la hora de aceptar el error, cambiar las reglas y facilitar la creación de mayorías democráticas en la constitución de los gobiernos de la federación.
Decimos No a la lógica institucional del NO, porque creemos que la parálisis política que aqueja a México no es en lo fundamental un problema de incapacidad o perversidad de las personas (aunque nada de eso falta), sino de reglas equivocadas, que funcionan muy bien, sistemáticamente, pero para producir el efecto no deseado: un país que camina a medio gas, una mediocre gobernabilidad.
Diario Milenio
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