Cobardes y maricones
Día con día
Héctor Aguilar Camín
Diario Milenio
Ha hecho muy bien la diputada Beatriz Zavala al matizar sus calificativos sobre la forma en que el PRI enfrentó el paquete fiscal, diciendo que “lo aprobaron cobarde y mariconamente”.
Hizo bien en añadir “... y mariconamente”. De otro modo hubiera podido pensarse que equiparaba la falta de valor con la mariconería, asuntos ostensiblemente diferentes.
De no añadir “y mariconamente”, la diputada habría demostrado no sólo falta de respeto al valor de la populosa minoría gay, sino desconocimiento puntual de que la testosterona puede habitar en un lugar distinto al de la homofilia, pues incluso en Yucatán, de donde es representante la diputada, hay que tener los ésos bien puestos para dedicarse a la mariconería.
Entendemos que la diputada Zavala entiende bien esto, y por eso agrega lo que agrega. No equipara falta de valor con mariconería, sino que dice que los legisladores priistas además de cobardes son maricones.
De modo que, pese a su cuidadoso deslinde lingüístico, o precisamente por él, la diputada Zavala ha emitido hacia los priistas una doble calificación que podría presumirse despectiva.
Lejos de las pretensiones de esta columna está el amarrar navajas entre las bancadas del Congreso, pero no puedo dejar de notar que la palabra “maricón” suele utilizarse como sinónimo ofensivo de la palabra homosexual, y de cierto tipo de homosexuales: aquellos que afectan en sus modales los de la mujer.
Desconocemos a cuántos priistas compañeros de bancada la diputada Zavala les acomoda este adjetivo por sus modales o a cuántos siente parecidos a ella en gestos y palabras.
Damos por descontado que serán bastantes, dado que el deslinde de la diputada entre cobardes y maricones no parece exceptuar a ninguno de sus colegas priistas ni de una cosa ni de la otra.
Podrán contestarle los aludidos que ella a su vez habla “bravera y machistamente”, con lo que estarán también haciendo un deslinde oportuno, pues no estarían confundiendo el ánimo de echar pleito con la condición de ser macho, cosas muy distintas y no siempre compatibles entre sí, pues la primera se refiere al orden de la bravuconería y la segunda al sentimiento de superioridad masculino que desprecia activamente al femenino y todo lo que se le parece o afecta parecérsele.
En fin, que la diputada Beatriz Zavala nos ha brindado con sus palabras una invaluable ocasión de reflexionar sobre profundas cuestiones de género. La diputada puede estar valiente y marimachamente orgullosa de sus palabras, del mismo modo que nosotros estamos lingüística y sublingüisticamente estupefactos por ellas.
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