lunes, 2 de noviembre de 2009

Qué el problema no es de dinero, sino de actitud; vaya con el sabio pues! nada como un estado con lacayos en todas partes

La catástrofe y la parsimonia
Jesús Silva-Herzog Márquez

La asociación Mexicanos Primero ha puesto a circular su reporte sobre la educación en México. Un radiografía que pinta, una vez más, la catástrofe de nuestro régimen educativo. Un sistema que niega oportunidades a México, un sistema que excluye a millones del acceso al presente, un sistema al servicio del estancamiento. La escuela ya no es un hoyo oscuro: cada día sabemos más lo que pasa dentro del salón de clase y lo que resulta de su actividad. Los datos que se acumulan, la multitud de pruebas y nacionales e internacionales ponen en blanco y negro la extrema gravedad del problema educativo en México. El reporte de esta activa organización social se suma a ellos, concentrándose en los indicadores de calidad educativa: aprendizaje de los alumnos, permanencia en el trayecto escolar, profesionalización de los maestros, supervisión del desempeño de las escuelas, participación de los padres en la gestión escolar.

El régimen educativo mexicano es resultado de una política que ha subordinado durante décadas la educación a otros propósitos. Alguien dijo, en tiempos no tan lejanos, que el campo estaba bien organizado para cosechar votos, no verduras. Algo parecido podría decirse de la escuela: una columna de la gobernación, antes que un formador de la inteligencia nacional. Escuelas para la legitimación política y el combate ideológico. El foco ha estado en lugar equivocado. Dando la espalda a los alumnos, no los han considerado jamás, el centro de su atención. Se han perfilado a atender el interés del Estado o las demandas contractuales de los maestros. Escuelas ciegas a las transformaciones del mundo y sordas a las exigencias del entorno. Un niño de primaria, aparece así como un accesorio del mobiliario escolar. No el propósito de la educación, sino apenas el ocupante de sus instalaciones...
Diario Milenio

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