Remedio para el infantilismo político
La Calle
Luis González de Alba
Los políticos, como todas las especies, van por la utilidad máxima y los guía egoísmo puro. No es una característica sólo humana... las hormigas se lo comerían todo... El asunto, vil y egoísta, es: ¿vas a poder gobernar con los derrotados diciéndote NO a todo? Comprender algo tan sencillo topa con un obstáculo: la minoría de edad mental en pueblo y políticos... setenta años de mandarines nos hicieron menores de edad. Eso demuestran los gritos y hasta golpes contra el secretario de Gobernación en Juárez, un buen hombre que no lanzó guaruras contra sus agresores, y la exigencia al Presidente –por parte de una madre que ha perdido a sus dos hijos– de ponerse en lugar de ella: nadie puede estar en su lugar, nadie, precisamente por lo enorme del dolor, pero ni eso justifica tan extravagante exigencia... Otra falsedad: Que los partidos políticos representan la rica pluralidad multicolor del pueblo mexicano. Mentira. Muchos son descarados negocios familiares guiados por oportunistas, trepadores, buitres carroñeros a la expectativa del poder, que frenan toda iniciativa para adornar con ella una futura presidencia en la que ya se ven. Saben lo que es necesario, pero lo dejan para cuando ellos lleguen al poder. Así lo gritó con todas sus letras Obrador a los asombrados legisladores del PRD que quisieron tratar el asunto de Pemex: ¡¡¡A favor de Pemex nada... Ya lo arreglaré yo cuando sea presidente!!!
“La generación del NO”, los llama Federico Reyes Heroles con gentileza que yo no les tengo. Van por la zancadilla, la toma de la tribuna, los discursos que ni ellos se creen, todo con el fin de evitar que se haga lo que saben urgente y así el gobierno se fortalezca. No les preocupa si el país aguanta.
Y van solos, sin que el presidente Calderón muestre una pizca de maquiavelismo, habilidad y malicia en las alianzas. Entre las reformas que propuso: reelección de legisladores, plazo para resolver iniciativas del Ejecutivo, apertura a las iniciativas ciudadanas, referéndum para cambios constitucionales, candidaturas independientes… ¿Qué hay en común? Que benefician a los ciudadanos y debilitan a los partidos. Por eso las atajan. Si los acusamos de aprovecharse del poder para su exclusivo beneficio, no de estúpidos. Por eso el trabajo es convencerlos de que matarán su anhelada Presidencia: gallina de los huevos de oro.
Diario Milenio
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