Orgullos y vergüenzas
La Calle
Luis González de Alba
... algunos motivos de orgullo y vergüenza de los que sí me siento responsable. Mi trabajo en divulgación de la ciencia podría ser mejor. “Sólo traduce artículos de gringos”, dice un lector. ¿Qué se puede responder? ... además de encontrar la nota (y Science me cuesta mucho dinero) y traducirla, explico... Sé, con satisfacción, que hay al menos un físico que estudió esa carrera luego de leer mi historia de la cuántica (libro agotado).
Me avergüenza recordar, como buen obsesivo, que al recibir mi premio de periodismo por divulgación de ciencia, dejé a un miembro del jurado con la mano tendida, como me señaló mi amigo al sentarme: iba muy nervioso porque soy antisocial y el premio lo entregaba Cuauhtémoc Cárdenas, cuyo gobierno en el DF era una decepción.
Me avergüenza haber sido fundador y copropietario de La Jornada... Me avergüenza el sindicato de la UNAM que con tantos amigos ayudé a fundar. Me avergüenza el PRD, cuyos ancestros contaron con mi participación. Me avergüenza mi defensa, juvenil e ignorante, del monstruoso régimen castrista y del ignominioso Muro de Berlín; pero al menos ésta ya la pagué, y con lágrimas, y le arranqué a golpe de marro y cincel un pedacito que aún guardo.
Me da orgullo haber sido de los pocos que no dudamos ante el Chávez de Tabasco y haberle quitado algunos votos de los muy pocos con que perdió.
Me avergüenza mi incapacidad para hacer política y tener sólo opiniones... Tampoco entiendo las marchas por el “orgullo gay”, ni me avergüenza mi orientación sexual. Creo que hago más con una novela como la reciente El sol de la tarde, mi versión del desencanto en mi generación, con su historia de amor entre dos militantes de izquierda, que con marchas y grititos: no me siento para nada identificado con las lentejuelas. Creo que más adolescentes se han sentido confirmados en su orientación al leerme que al ver pasar desfiguros que, la mera verdad, sí me dan vergüenza. He evitado más suicidios de indecisos con ensayos como La orientación sexual y novelas como Cielo de Invierno que marchando con tetas falsas y botas de tacón aguja.
Diario Milenio
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